18 Till I Die – Shake your bones

El pasado lunes salí a correr (sí, me dedique un ratito a mí mismo, que me hacía falta…) y cuando llevaba apenas 10 min. de trote…¡zas! Pinchazo en el gemelo. A regañadientes conmigo mismo me giré sobre mí mismo y tomé el camino de vuelta a casa, acordándome todo el camino de la conversación sobre los deportistas ocasionales y sus lesiones que habíamos tenido apenas unos días antes en el encuentro de Hoy Streaming con Carlos Castaño y Enrique Sainz de Murieta.

Está claro que ya no tengo 20 años y que tengo que tener un poco más de cuidado a la hora de hacer deporte; tengo que estirar en condiciones, hacer un buen calentamiento y empezar de forma controlada mi actividad física cuando llevo tiempo sin hacer deporte de manera habitual (algo que desgraciadamente cada vez me pasa con más frecuencia). Pero empezar a hacerse mayor físicamente no implica envejecer de espíritu y por eso hoy he traído a nuestra sección “Shake your bones” el clásico “18 Till I die” de Bryan Adams.

18 Till I Die es la canción que le da título al séptimo álbum de estudio del artista canadiense lanzado en junio de 1996. Trata sobre la idea de ser joven para toda la vida (Wanna be young, the rest of my life) y de no querer envejecer (Til the angels come, and ask me to fly, gonna be 18 til i die); vamos, ¡un “Carpe diem” como Dios manda! (Why bother with what happened yesterday?. It’s not my style I live for the minute).

Eso es lo que puede parecer a primera vista, pero si observáis con algo más de detenimiento, la letra trata también de forma clara la diferencia entre ser joven de cuerpo, a veces con ese toque de inconsciencia y temeridad propio de la juventud (Never say no, try anything twice) y ser joven de espíritu, pero con la sabiduría que se adquiere como fruto de la experiencia (Someday I’ll be 18 goin’ on 55!) transmitiendo esa seguridad en sí mismo que tienes cuando ya no te importa el “qué dirán” (It’s not how ya look, it’s what ya feel inside). Aunque sea un canto a la eterna juventud, la letra de 18 Till I Die tampoco oculta el hecho cierto de que el tiempo pasa y de que no vamos a vivir eternamente, por lo que envejecer es inevitable (Can’t live forever, that’s wishful thinkin’. Who ever said that, must of bin’ drinkin’).

Me llamó mucho la atención hace ya algunos años cuando leía “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami, enterarme que bautizó con el nombre de “18 Till I Die“ a la bicicleta que utilizaba para los triatlones, tomando precisamente el nombre de esta canción de Bryan Adams. Ahora que está tan de moda el running, las maratones, ultramaratones, triatlones y demás prueban acabadas en “ones” (en plural), os recomiendo este libro, en el que con muchos tintes autobiográficos, relata la importante imbricación que el autor tiene entre su actividad física y su actividad intelectual. Para mis colegas de profesión deciros que también habla sobre su percepción del dolor y del sufrimiento mientras se entrena, de una manera muy curiosa (Pain is inevitable, suffering is optional).

En cuanto a lo musical, 18 Till I Die es todo un clásico rockero, que suena igual de bien en directo que en estudio (he visto a Bryan Adams en concierto y doy fe de que eso es así), con un riff de guitarra inconfundible, así como la rasgada voz de artista canadiense dejando su inconfundible sello. De esas canciones que te hacen mover los pies y tocar el “air guitar” durante un rato…

En fin, está claro que envejecemos, luego estamos vivos (que no es poco), así que disfrutemos de la vida, con sabiduría pero con la ilusión de un niño, en nuevos proyectos, en disfrutar de nuestra familia, en nuestros retos profesionales, académicos, deportivos…

Lo dicho, a vivir la vida que son 2 días… ¡y a mover el esqueleto!

Nota: Con respecto a la letra de esta canción, no es que de repente me haya vuelto un cateto escribiendo en inglés, sino que la letra de esta canción tiene muchos americanismos contracciones informales, y en varios sitios en los que he consultado viene escrito así, por lo que he querido respetar la letra original del autor)

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